domingo, 6 de enero de 2013

Mi hada-medusa.

Mi hada se está prostituyendo,
en cuerpo y alma, sin límite ni freno,
mi hada ya no tiene espejos
porque no hay nada que se refleje en ellos.

Algo ha pasado con mi hada,
que unos tentáculos son ahora sus alas,
y ya no busca con encanto ser besada,
ahora sus intereses se los calla.

Mi hada se ha convertido en medusa,
      oh, pobre hada,
                        que dejó de ser musa
para ser ahogada.

Mi hada se ha convertido en medusa,
y ya todo lo que toca se envenena,
absorve, atrapa y engatusa,
mi hada ya no es hada.
                                       Es una pena.

  ¿Qué será lo que   ocurre
                                cuando     no ocurre nada?
    Será que ocurre   algo
  que uno siempre   se calla.

¿Será que la verdad
jamás es relativa?
No puede decirse igual
de la mentira.

Un efecto óptico:
eso es mi hada.
Promete amor donde no hay nada.

Mi hada-medusa no es más que un espejismo,
tal vez no existan ninguna de las dos,
tal vez las dos realmente sean lo mismo,
tal vez sin ellas mi vida esté mejor.

Como nota final: la lección.
Las medusas no tienen
ni cerebro,
ni sangre,
ni corazón.

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