sábado, 6 de agosto de 2011

Silma.

Me gusta el toquecillo que pones a la vida,
lleno de todo y nada, como una garantía
de saber que las cosas acaban ordenadas,
aunque sea en ese caos que a veces da la calma.
Tú lo sabes,
yo lo sé.
Me gusta la armonía de las cosas perdidas
que vuelven siempre a uno cuando han de volver,
me gusta lo que haces cuando te pierdes tú,
ese punto de histeria y ese otro de placer.
Tú lo sabes,
yo lo sé.
Me gustan tus ojeras tanto como tus ojos,
tu rebelde elegancia y tu pasar de todo,
que sin pasar de nada, confunde las palabras
y se olvida del mundo cada par de caladas.
Tú lo sabes,
yo lo sé.
Me gusta ese ritmillo que a veces te posee
y te hace caminar sin saber hacia dónde,
con esa libertad que a veces te prohíbes
y con esa melena que tanto y tanto esconde.
Tú lo sabes,
yo lo sé.
Me gusta ese misterio que se esconde en el alma,
que te deja temblando, con algo en la mirada
que nunca se repite salvo en esa ocasión
en que el alma te grita sin levantar la voz.
Tú lo sabes,
yo lo sé.
Ojalá estos versos no tuviesen que tener un final.

1 comentario:

  1. Deep impact. Me gusta leer tu melancólica felicidad, descreída y sincera. Pero discrepo: no creo que estos versos "tengan que tener" un final. Los finales son una cosa que inventaron en Hollywood para los que se ponen nerviosos cuando se terminan las palomitas. Un abrazo gordo

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