lunes, 22 de agosto de 2011

La semilla.

En este recuadro podéis oír dándole al play.
Abajo la letra.


Voy abriendo todas las ventanas,

en silencio, sólo suena el corazón,

y la vida se resbala y se cae sin decir nada,

escuchando al mal humor decir “adiós”.

Ahora estamos los que somos, nadie más

va a venir a decir lo que hay que hacer,

ahora sólo corre el viento, va buscando ese momento

en el que aquí nadie interprete un papel.


Ahora escucho los lamentos,

y no es fácil pero intento

no perder nunca la calma ni la fe.

Y aún así a veces las pierdo

una a una sin remedio,

pero busco la semilla para crecer.


Reconozco que soy algo complicado

cuando está todo negro en mi destino,

pero hay algo de mi lado y no es que vaya colocado,

es que yo prefiero silbar mientras camino.


Ahora escucho los lamentos,

y no es fácil pero intento

no perder nunca la calma ni la fe.

Y aún así a veces las pierdo

y me quedo como un perro

que se lame el cipote y no sabe qué mas puede hacer.

Ahora escucho los lamentos,

y no es fácil pero intento

no perder nunca la calma ni la fe.

Y aún así a veces las pierdo

una a una sin remedio,

pero busco la semilla para crecer.


Ahora estamos los que somos, nadie más

va a atreverse a prohibir el amor,

la inconsciencia te degenera y mi pulso se acelera,

pero tranquilo que nunca hay que perder el control.


Ahora escucho los lamentos,

y no es fácil pero intento

no perder nunca la calma ni la fe.

Y aún así a veces las pierdo

una a una sin remedio,

pero busco la semilla para crecer.

viernes, 12 de agosto de 2011

Lo que no digo.

Ya sabes dónde están
las cosas que no digo,
guardadas bajo el miedo y el peligro.
Inconstante desorden
el que habita en mi ombligo
y convierte la niebla en un castigo.
No ver no es primordial,
tenemos más sentidos,
no olvidemos que la vida es un suspiro.
Y suspiro esos miedos,
y aquello que no digo
se transforma en palabras dando un giro.
Y otras cosas me callo,
tal vez lo que ya he dicho,
el corazón no tiene jueces ni testigos.
Y me marcho en silencio,
apenas me despido,
continuaré escalando ladrillo a ladrillo.
Y tú te quedarás
buscando algún resquicio
de aquello que el silencio no ha pedido.

sábado, 6 de agosto de 2011

Silma.

Me gusta el toquecillo que pones a la vida,
lleno de todo y nada, como una garantía
de saber que las cosas acaban ordenadas,
aunque sea en ese caos que a veces da la calma.
Tú lo sabes,
yo lo sé.
Me gusta la armonía de las cosas perdidas
que vuelven siempre a uno cuando han de volver,
me gusta lo que haces cuando te pierdes tú,
ese punto de histeria y ese otro de placer.
Tú lo sabes,
yo lo sé.
Me gustan tus ojeras tanto como tus ojos,
tu rebelde elegancia y tu pasar de todo,
que sin pasar de nada, confunde las palabras
y se olvida del mundo cada par de caladas.
Tú lo sabes,
yo lo sé.
Me gusta ese ritmillo que a veces te posee
y te hace caminar sin saber hacia dónde,
con esa libertad que a veces te prohíbes
y con esa melena que tanto y tanto esconde.
Tú lo sabes,
yo lo sé.
Me gusta ese misterio que se esconde en el alma,
que te deja temblando, con algo en la mirada
que nunca se repite salvo en esa ocasión
en que el alma te grita sin levantar la voz.
Tú lo sabes,
yo lo sé.
Ojalá estos versos no tuviesen que tener un final.