viernes, 15 de abril de 2011

Hoy tengo el cuello dislocado.

Hoy tengo el arte apagado,
consumido por la mente y la desgana de escribir,
me siento falso, removido por un hilo de esperanza
que se rompe en la garganta del que no puede gritar,
ni vivir.
Hoy tengo el cuello dislocado,
pero sigo de pie, incomprensiblemente,
absorto por la fuerza terrenal que me distrae
y me enjuaga las manos de arena y espuma.
Hoy tengo veneno en el estómago,
y fuego en la yema de los dedos,
ganas de acariciar el brillo de la luna,
pero aún domina el sol, porque es de día,
y la luna aún se esconde, como el llanto.
Hoy tengo una canción de cuna en la cabeza,
y poco más en ella.
Hoy tengo el corazón de acero, oxidado y viejo,
y tengo en las entrañas la saliva y la tinta
con la que nunca escribiré estos versos.
Hoy tengo el miedo metido en el cuerpo,
y la duda en compañía del silencio, y de la ficticia soledad.
Hoy tengo suspiros convertidos en palabras
que ni yo sé muy bien qué expresan,
pero que tienen que salir
para que no me devore la ira, la entusiasta y enérgica ira
que juega al yoyó con mi cabeza.
Hoy tengo una certeza, pero no la pienso escribir aquí.

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