domingo, 27 de marzo de 2011

La vagueza persiste.

Llevo un tiempo sin poder
escribir nada coherente,
la inconstancia es mi constante,
la vagueza: persistente.
No hay excusas ni consuelos,
soy un inútil, no sirvo
ni tan sólo para darle
al pensamiento sentido.
Y es que me apago y me enciendo,
me derrito y me congelo,
me quito pesos que sobran,
pero me pongo otros nuevos.
Cada vez da más igual
lo que pase alrededor,
lo importante de verdad
es abrir el corazón
a lo que pueda venir
sin aviso ni permiso.
Todo baja y todo sube;
tal vez por eso no escribo.
Pero aquí no pasa nada,
y no hay de qué preocuparse,
que con un soplo de aire
hasta el corazón me arde.
A soplar, pues, sin pensar
en por qué no sé escribir,
las facultades están,
menos hablar, más vivir.

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