jueves, 22 de diciembre de 2011

(Tentempié) Tente en pie.

Ante todo,
tente en pie,
que es más tonto
quien patina,
que quien tontea.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Celos.

Tengo celos del mar
porque lo miras
y te llenas de vida,
te mece con sus olas
y te eleva
y te enjuaga dolores y penas,
y te lleva
a un lejano lugar
donde hay paz
y poco más importa.

Tengo celos del mar
porque él sabe
más que nadie
quién eres
y sabe
también
que hace falta muy poco
(tan sólo algunas gotas y una brisa),
para hacerte feliz.

Tengo celos del mar
porque te mojas
en él y con él,
y no te pide nada
y te regala todo.

Tengo celos del mar
porque sin él
tú no serías la misma,
pero sin mí,
siempre te queda el mar.

sábado, 10 de diciembre de 2011

De algún u otro modo.

En el Cosaco (C/ Alfonso VI, 4), el jueves 15 se reparten canciones a lo loco a partir de las 21:30!
Es obligatorio dejar la cabeza en casa y ponerle la mejor chaqueta al corazón, para que luego nadie diga nada, que estamos en invierno y todo se hace más fácil al calor de unas notas.

Que los ojitos brillen, la música suene y corra la cerveza!
Os veo a todos allí lleno de ilusión!
No me faltéis!



Voy buscando una razón para vivir
olvidándome de que el viento vuela solo,
me levanto como un zombie sin poder dormir,
y si no suena algo de música, empeoro.
Y mi conciencia ya no sabe ni qué hago,
no sé si es mía o yo soy de ella o si nada es verdad,
esta neurosis me acompaña y me llena de halagos y de insultos
de esos que hay veces que es mejor dejar de escuchar.

Cuando siento que estoy volviéndome loco me escondo,
y me río de la rabia y del llanto, me río de todo,
pero luego me engancho al despegue del mundo y me drogo
con la brisa marina que sopla en mi mente y que tanto añoro,
y vuelvo a ver la luz, siempre,
de algún u otro modo.

De algún u otro modo,
la vida no es más que un par de palabras
y una vuelta al reloj,
que si se para, no pasa,
que la vida continúa,
si agarrados a una púa
se nos olvida hasta quiénes somos,
si es que lo supimos algún día...

De algún u otro modo, yo descubro el secreto
que envuelve a la vida de luz y también de miseria,
yo quiero lo bueno, lo fácil, lo rico, lo grande,
yo quiero beberme la vida y reírme hasta que me duela.
Escucho al silencio, le clavo una puñalá por detrás,
me quedo esperando para ver si reacciona,
y guardo el cuchillo en el fondo de mi libertad,
pero me quedo esperando para ver si mejora.


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Con la primera copa se pagarán 4 euros extras,
con la segunda copa todo sonará mejor,
con la tercera copa hasta os sabréis las letras,
y con la cuarta copa estaréis como yo!

lunes, 5 de diciembre de 2011

En pleno invierno.

En pleno invierno, sólo traigo rima fácil,
frágil es el cuaderno donde no escribo,
vivo a favor del viento y de los suspiros,
miro a través del tiempo y me quedo ciego,
riego todas mis plantas si miro al suelo,
vuelo tras la tormenta buscando el sol,
colman todos los vasos si tengo sed,
red en la que no caigo: televisión,
ron y pasa de largo, ésa es mi fe.

En pleno invierno, sólo traigo rima fría,
mía es la culpa del llanto si tú me castigas,
migas recojo del suelo si se para el trompo,
rompo los platos, pero tengo cara de tonto,
pongo mi as en la mesa si lo tengo claro,
vago por todos mis sueños si cierro tus ojos,
mojo el suelo de mi barco si no encuentro faro,
raro se me hace el silencio si pienso a mi modo.

En pleno invierno, sólo traigo rima enferma,
esperma sólo para áquella pobre Yerma,
duerma o no duerma, me pierdo entre los detalles,
clave es la falta de pasión para los valles,
cállese usted si viene a despertar la fiera,
cera en el fondo de las velas porque sí,
di que me vaya y no me aparto de tu vera,
pena del llanto si se cree que va a vivir.

En pleno invierno, sólo traigo rima helada,
dadas las doce manda solamente el alma,
cálmate corazón: grito dentro de mi pecho,
techo como por las noches si no comprendo los hechos,
fecho mi vida tan sólo si consigo pasar página,
casi nada me conforta más que mi pequeño huerto,
vierto más tinta en el folio, y en la vida menos lágrimas.


sábado, 3 de diciembre de 2011

Qué te voy a contar.

Que desviarse no compensa,
que es mejor apuntar,
evitar la imprudencia
de no soñar.
Que cuando el hambre aprieta,
se afloja la cabeza,
y es más fácil jalarse
de las trenzas.
Que el destino es el aire,
y la vida un lunar,
que las ganas se ganan,
y ni vienen ni van.
Que la muerte es un juego,
y la vida unos dados,
que el corazón entiende
lo callado.
Que la distancia une
y separa a la vez,
y la risa renace
si lo crees.
Que el tiempo es un espejo,
pedazos de cristal,
que si juegas con él
lo entenderás.
Que si, que no, tú sabes,
que si tierra y si mar,
que justamente a ti
qué te voy a contar...

domingo, 20 de noviembre de 2011

Amanece.

Vida es:
amanece,
y a la vez,
todo va y todo vuelve.
Hasta ahí, estamos de acuerdo,
pero no vengas a cazar ni con balas de agua,
se desatan los nervios, se camufla la rabia,
se me enreda la lengua (se me encasqueta el arma)
y se acaba la tregua.
Lejos queda esa paz interna hoy,
en un rato enciendo velas y apago la luz,
la realidad se está fumando un peta a mi salud.
Y no pregunto nada,
no quiero saber,
hoy no.
Hoy suenan tambores replicando cambios,
pero llueva o no llueva,
el reloj sigue caminando
hacia delante,
sin miramientos.
Y entonces me repito:
calma,
que suenan los tambores
y nadie,
nadie los calla.
Y si no suenan gritos,
habrá cuerdas vocales
en el suelo,
derramando la sangre
y buscando refugio y,
desde luego,
arrastrando alguna que otra palabra
entre mechones de cabellos.
Pero no importa,
hoy suenan nuevas melodías en mi cabeza,
que nada significan,
más que la vida sigue
porque siguen las rimas,
y no miro el espejo
para ver el fracaso,
ni lo que no refleja,
sino para peinarme
y nada más.
Y me planto,
y dejo que me rieguen,
y crezco entre las flores,
y me convierto en humo
y me asfixio en el polen
por no pedir ayuda
y dejar que me lloren.
Pero hoy no,
hoy llueve y me da gusto
estar bajo mi techo
mirando la ventana
sin mojarme,
pero sabiendo,
que si quiero,
sólo tengo que abrir una puerta,
bajar a a la calle
y empaparme
de vida y de muerte.
Amanece,
y a la vez, es todo vivo y todo inerte.
Pero las hojas del cuaderno pasan
porque alguien saliva entre sus dedos.
Miedo
de ver pasar la vida entre esas hojas
y darme cuenta de que yo las muevo.
Vida:
amanece,
y a la vez, anochece.
Y me cansé de metáforas, de corazones y de plumas de papel,
de esponjas secas y de libertades.
Los arañazos son profundos cuando la bestia tiene hambre.
¿Hay alguien?
Sí, hay alguien,
y a la vez, amanece.
Y no me creo eso de que nadie sabe nada,
porque nadie habla pero nadie calla.
Tanto y tanto que sembrar
y tantos callos ya sembrados al azar.
El ojo del huracán me llama
y no contesto,
hoy no.
Hoy olvidé quién soy
y recordé que no soy nadie.
Hoy perdoné al olvido
y castigué al recuerdo,
hoy respiré más aire
del que sostengo.
Camino
entre tambores y mi pulso,
indomable y feroz,
como el amor
y su contrario,
me alejan de la mancha negra de mi calendario.
Y me araña la espalda
un nuevo amanecer,
que roza el equilibro
y no se cae,
y no tropieza,
y se pasan las horas
más rápido que nunca,
y mis labios se pliegan
¿formando una sonrisa?
y amanece de nuevo,
y me siento confuso,
como después de un sueño
habiéndome dormido
en los laureles de tu ombligo.
Amanece,
y de nuevo la nube viene y va y desaparece,
y a la vez, el sol sale, tapando algunas cosas
y destapando otras,
y la noche regala sus estrellas,
y la luz de mis días se entremezcla
con la luz de la luna de mis noches,
y no sé si amanece
o si ya amaneció,
pero no importa,
hoy no.
La locura hace zumo de mí
y mientras me bebe,
amanece,
y a la vez,
todo va y vuelve.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Nada para merendar.

Un poco de nada para merendar,
plumas de almohadas ahogadas,
como la lluvia que grita bajo el mar,
sol desalojado y hojas arrastradas,
pan duro y mojado,
menos dientes, más caladas.
No hay hadas sin esperanza,
ni pena que cese sin fe,
no hay reinos sin calabazas,
ni reinas sin ajedrez.
Se derrumba el mundo que habitaba en mi cabeza,
¿la locura? tan sólo una pieza,
¿el tablero? tan sólo la luna,
la partida la pierde el primero que besa los pies de un don nadie,
a oscuras.
Vigilen, tan sólo vigilen.
Y busquen,
dentro de los troncos de los árboles viejos,
entre las raíces de lo más profundo,
busquen.
Y callen mientras lo hacen.
Yo no sé qué es rendirse, ni tampoco qué es luchar.
Pero sé a qué sabe un corazón a punto de sangrar,
a batalla de nadies que juegan a ser,
pero no son.
No son porque nunca lo fueron,
ni lo serán.
Batalla de llantos que quieren dejar de arrancarse miradas.
La mamma morta me llama.
Y, mientras, afuera, entre arrugas y canas,
bendigo a los que sufren el dolor ajeno
y pisan el suyo propio por puro ego.
Nada para merendar,
si no hay boca,
ni ganas.
Sólo almas untadas en tostadas de acero.
Fin de la partida, que empiece otro juego.
Porque el final de una cosa siempre es el principio de otra, dicen.
Poco importa si no sopla el viento.
Pidan una ambulancia si desentono en la próxima canción
y esperen a que pase el tiempo.
Y busquen,
debajo de las piedras y de los corazones,
busquen,
en la ceniza mojada de los oscuros callejones,
busquen,
dentro de las vaginas de las chicas violadas,
busquen,
en esos paraísos perdidos que empiezan cuando acaban.
Tan sólo busquen
y denme
algo para merendar.


lunes, 22 de agosto de 2011

La semilla.

En este recuadro podéis oír dándole al play.
Abajo la letra.


Voy abriendo todas las ventanas,

en silencio, sólo suena el corazón,

y la vida se resbala y se cae sin decir nada,

escuchando al mal humor decir “adiós”.

Ahora estamos los que somos, nadie más

va a venir a decir lo que hay que hacer,

ahora sólo corre el viento, va buscando ese momento

en el que aquí nadie interprete un papel.


Ahora escucho los lamentos,

y no es fácil pero intento

no perder nunca la calma ni la fe.

Y aún así a veces las pierdo

una a una sin remedio,

pero busco la semilla para crecer.


Reconozco que soy algo complicado

cuando está todo negro en mi destino,

pero hay algo de mi lado y no es que vaya colocado,

es que yo prefiero silbar mientras camino.


Ahora escucho los lamentos,

y no es fácil pero intento

no perder nunca la calma ni la fe.

Y aún así a veces las pierdo

y me quedo como un perro

que se lame el cipote y no sabe qué mas puede hacer.

Ahora escucho los lamentos,

y no es fácil pero intento

no perder nunca la calma ni la fe.

Y aún así a veces las pierdo

una a una sin remedio,

pero busco la semilla para crecer.


Ahora estamos los que somos, nadie más

va a atreverse a prohibir el amor,

la inconsciencia te degenera y mi pulso se acelera,

pero tranquilo que nunca hay que perder el control.


Ahora escucho los lamentos,

y no es fácil pero intento

no perder nunca la calma ni la fe.

Y aún así a veces las pierdo

una a una sin remedio,

pero busco la semilla para crecer.

viernes, 12 de agosto de 2011

Lo que no digo.

Ya sabes dónde están
las cosas que no digo,
guardadas bajo el miedo y el peligro.
Inconstante desorden
el que habita en mi ombligo
y convierte la niebla en un castigo.
No ver no es primordial,
tenemos más sentidos,
no olvidemos que la vida es un suspiro.
Y suspiro esos miedos,
y aquello que no digo
se transforma en palabras dando un giro.
Y otras cosas me callo,
tal vez lo que ya he dicho,
el corazón no tiene jueces ni testigos.
Y me marcho en silencio,
apenas me despido,
continuaré escalando ladrillo a ladrillo.
Y tú te quedarás
buscando algún resquicio
de aquello que el silencio no ha pedido.

sábado, 6 de agosto de 2011

Silma.

Me gusta el toquecillo que pones a la vida,
lleno de todo y nada, como una garantía
de saber que las cosas acaban ordenadas,
aunque sea en ese caos que a veces da la calma.
Tú lo sabes,
yo lo sé.
Me gusta la armonía de las cosas perdidas
que vuelven siempre a uno cuando han de volver,
me gusta lo que haces cuando te pierdes tú,
ese punto de histeria y ese otro de placer.
Tú lo sabes,
yo lo sé.
Me gustan tus ojeras tanto como tus ojos,
tu rebelde elegancia y tu pasar de todo,
que sin pasar de nada, confunde las palabras
y se olvida del mundo cada par de caladas.
Tú lo sabes,
yo lo sé.
Me gusta ese ritmillo que a veces te posee
y te hace caminar sin saber hacia dónde,
con esa libertad que a veces te prohíbes
y con esa melena que tanto y tanto esconde.
Tú lo sabes,
yo lo sé.
Me gusta ese misterio que se esconde en el alma,
que te deja temblando, con algo en la mirada
que nunca se repite salvo en esa ocasión
en que el alma te grita sin levantar la voz.
Tú lo sabes,
yo lo sé.
Ojalá estos versos no tuviesen que tener un final.

sábado, 23 de julio de 2011

¡CONCIERTO!


Hoy, más que poesía,
traigo publicidad:

Doy un concierto el día 29 de este mes,
a las 9 de la noche, en el café-bar "El Cosaco".
Está en la C/ Alfonso VI, 6
La primera copa tendrá un suplemento de 3 euros.
La segunda copa hará que lo que canto os guste más.
La tercera copa hará que aceptéis a cualquier colgao que os cante algo.

Para llegar al café-bar "El Cosaco":



domingo, 19 de junio de 2011

La vida va pasando.

La vida va pasando y uno no entiende
que el reloj nos congele en el espacio,
que la luz ilumine lo incoherente
y el camino se haga largo al ir despacio.
La vida va pasando y uno olvida
la ilusión que se tiene de pequeño,
y que el amor incondicional termina
cuando uno empieza a descartar sus sueños.
La vida va pasando y uno ansía
todo lo que no logra tener,
y esa mirada llena se vacía
de esperanza, de alegría y de fe.
La vida va pasando y uno crece,
quiera o no quiera, no le queda más remedio,
que apechugar y ser su propio jefe
en cada paso que va dando al ir creciendo.
La vida va pasando y la raíz se separa,
uno decide a dónde ir, con quién casarse,
hacia dónde apuntar, pero las balas
a veces nunca llegan a lanzarse.
La vida va pasando a cada instante,
y con ella, el dolor y el placer te acompañan,
uno debe aprender a deslizarse
por el barullo en las que el alma se enmaraña.
La vida va pasando y la conciencia
se va llenando de aquello que ocultamos,
nuestros errores nos castigan y se adueñan
de nuestra culpa con la que nos machacamos.
La vida va pasando, y el consuelo
es pensar que se hizo lo que se pudo,
evitando no caerse nunca al suelo
y sacando siempre lo mejor de uno.
La vida va pasando y de repente
uno ha vivido y no se ha dado cuenta,
y los recuerdos que se quedan en la mente,
en el camino, son tus únicas huellas.
La vida va pasando y al final
se acabará como todo lo que vive,
y esa es la magia para mí, el pensar
que somos sólo animales que se extinguen.

viernes, 17 de junio de 2011

Aún queda gente buena.

En medio del bullicio y de las prisas,
en medio del caos y de la evasión,
en medio de la envidia y la avaricia,
en medio del ruido y la obsesión,
en medio de la sangre y la locura,
en medio de la guerra y del silencio,
en medio del dolor y la ruptura,
en medio de insensatos y de necios,
en medio del dinero y la maldad,
en medio de la angustia y de la pena,
en medio del llanto y la soledad...
aún queda gente buena.

martes, 31 de mayo de 2011

Llamémosle Equis. PARTE 3.

Tenía a su alcance aquello que deseaba. Pero no sabía qué era soñar. Tal vez porque su realidad ya era en sí misma un sueño.

Hace tiempo alguien me contó que Y se fue una noche a un bar y nunca salió de él. Al parecer, con el paso del tiempo, el miedo que todos le tenían aumentó, y con él, su poder. Y descubrió que el dinero le quitaba el hambre. Y descubrió que no necesitaba más que el dinero para poder vivir. Y quiso más. Y más. Y más. Y sin saber ni cómo, creó la guerra. Y un buen día, en aquel bar en el que entró (aún nadie sabe de qué modo pues es uno de los mejores secretos jamás guardados), tomó consciencia de las repercusiones de su poder. Y sintió, por primera vez en su vida, algo que no sabía nombrar. Era un sentimiento nuevo. Y le preguntó a uno de sus súbditos qué le ocurría. Sólo podía sentir una punzada en el pecho mientras la lluvia le caía de sus ojos. Remordimiento, dijo el infeliz súbdito. Remordimiento lleno de culpa y de pena. Y, por primera vez, reflexionó.

Y el sol se le apagó. Nadie volvió a ver jamás a Y, pero sin embargo, encontraron el cuerpo de Equis, debajo de la ventana de su habitación, totalmente inconsciente. Aquellos que lo vieron, dicen que se podía tocar el hilo de vida que aún le quedaba. Y que nadie se atrevió a cortárselo.

Nadie sabe a ciencia cierta qué ocurrió. Algunos dicen que Equis sigue estando vivo. Y que vive en el sol. Se dice que es él quien le apaga el sol a Y. Otros dicen que simplemente murió. Y que Y saldrá del bar algún día.

Yo, por mi parte, me agarro a la idea de que algún día, el sol se pueda ver sin que nadie lo tape porque no sea necesario taparle el sol a nadie. Hasta entonces, sigamos oscureciendo la luz de quienes dejaron hace mucho tiempo de usarla porque no ven.


Llamémosle Equis. PARTE 2.

Tras mucho caminar, se quedó sin camino y encontró una especie de túnel. Éste se hacía cada vez más y más estrecho y oscuro. Y Equis se estaba asfixiando. No podía salir. No podía moverse. No podía sobrevivir. Porque aunque, hacía pocas horas se había arrojado por una ventana, ahora quería sobrevivir. Y, de pronto, comenzó a sentir de nuevo. Pudo oler la humedad que allí había y tocar su pegajoso y lúbrico sudor, y sintió una violencia y una lujuria hasta ahora desconocidas para él. Y notó cómo iba creciendo, aumentando su tamaño y desbordando el túnel. Rompió la tierra que lo cubría y regresó de nuevo al asfalto, engrandecido y agradecido a la miseria de la que venía.
Allí corrió hasta su casa, sorprendido por la velocidad y la magnitud de sus zancadas. Al llegar, Equis fue hacia el baño, desconcertado por su propio olor, sospechoso de que algo estaba sucediéndole y, allí, ante el espejo, observó que él ya no era él, si no una bestia inmunda y sucia.
Y se sintió, por primera vez, invencible, imparable. Y salió a comerse el mundo. Y de pronto, había sol.
Pero algo de su moral le atormentaba. No sabía bien qué era. Equis tenía poder y fuerza. Equis era temido. Equis comenzó a tener súbditos. Equis comenzó a imponer leyes. Equis ya no era Equis. Equis ahora era Y.
De vez en cuando, Y bajaba a las cloacas de donde había nacido, y recordaba, como quien recuerda a un hijo que ya se fue de casa, al antiguo Equis, al que había visto morir en aquel siniestro túnel. Pero por suerte, Y no conocía la añoranza. Y se sentía depredador. Y podía ver el sol cada mañana.

Llamémosle Equis. PARTE 1.

Perdonen mi intromisión, pero quisiera contar la historia de un amigo, llamémosle Equis.
Equis se levantó desconcertado, girando de un lado a otro y retorciéndose en sí mismo, arraigado a la pesadilla que lo mantenía dormido, sucumbido en esa oscura fantasía que ocultamos y que a veces sale a descubrirse, y agarrado a la esperanza de que, al menos, el sol había salido un día más. Luego, tras estirarse y abrir bien los ojos, subió la persiana y vio que llovía.
Porque siempre pasa lo mismo, cuando uno quiere sol, llueve.
Así que Equis pensó que ese día se iba a tener que mojar.
Y dijo: “Tengo alguna que otra inquietud guardada en el cajón de las cosas que no deben saberse y que, presas en su celda, que no es más que yo mismo, desean salir.”
Buscó de qué manera aliviar ese pinchazo en el estómago, ése que siempre está cuando sabes que las cosas no van bien.
¿Cómo podía Equis calmar esa ansiedad? Y recordó que tenía motivos para sentir esa ansiedad y que, en vez de enemistarse con ella, la escucharía. Igual que había escuchado durante toda su vida a sus profesores, a sus padres, a sus abuelos, a sus hermanos, al cura del barrio y a los políticos decirle qué era lo que tenía que hacer en cada momento.
Equis había pasado su vida mirando un metro por delante de su cara, con los ojos por fuera, casi pisándoselos. Y decidió que estaba cansado. Cansado de ver.
Había visto a personas en la calle durmiendo arropadas con tan sólo recuerdos que era mejor olvidar, con el dolor incrustado en las retinas de sus ojos, incapaces de expresar algo más que miseria, desconsuelo y dejadez. Había visto estampar la vida de algunos de sus amigos contra el suelo, lleno de pinchos caramelizados que endulzaban sus vidas y les hacían volar en un caballo con alas blancas. Había visto a parejas con años en la espalda, destrozadas por el paso y el peso del tiempo, hacerse añicos y convertirse en nada, en la nada más insignificante. Había visto al amor transformarse en odio. Había visto morir a niños y ancianos de igual forma. Había visto a una vaca llorar.
Y se cansó. Se cansó porque también había visto a hombres trajeados con chaquetas que costaban más de lo que él jamás había podido imaginar tener entre sus ya temblorosos e inútiles dedos.
Así que se cansó. Y calmó su ansiedad con lo de siempre.
A continuación, Equis se tiró por una ventana. Y mientras caía, se hizo de noche. Pero en vez de estamparse contra el suelo y pasar a mejor vida (porque sólo podía ser mejor), dejando su cerebro a merced de quien quisiera pisarlo, comenzó a volar hasta llegar a la azotea de un edificio lo suficientemente alto como para observar cómo violaban a una joven chica en una calle, como una familia entera dormía en una plazoleta tan sólo dos calles más allá y cómo varios policías porreaban a quienes le ordenaban.
Y comenzó a correr, saltando de edificio en edificio, obstruido por sus propios pensamientos, que volaban de un lugar a otro. Equis no quería pensar en nada, no quería saber si las cosas iban bien o mal, pero no podía evitarlo. Y pensaba. Pensaba todo el tiempo. Y mientras pensaba, seguía viendo. Y cuánto más veía, más pensaba. Pensaba en la relatividad. Y ésta le hacía sentir rabia. ¿Por qué todo tenía que ser tan relativo? ¿Por qué el doble sentido de las cosas no se unían y se transformaban en sólo uno, claro y concreto? Tal vez, así las nubes se marcharían y podría salir de nuevo el sol por la mañana. Pero no, ahí estaban: la relatividad de la justicia, la relatividad de la paz, la relatividad de la igualdad, la relatividad de los valores, la relatividad de lo correcto, y la que Equis menos soportaba: la relatividad de la verdad.
Porque si había algo que a Equis le doliese, era pensar que la verdad fuese tan relativa. La mentira siempre es más directa, más inequívoca, menos confusa. Y de pronto, volvió a sentirlo, ese pinchazo en el estómago. Y paró de correr. Y al detenerse, percibió cómo el suelo bajo sus pies se abría y él comenzaba a caer a un abismo oscuro y precipitado. Y el terror se apoderó de Equis.
Mientras caía sus oídos se taponaban y los párpados de sus ojos se cerraban. No había olores, ni sabores. Comenzaba a dejar de sentir.
Y cuando el final de la caída llegó, abrió sus ojos y observó que estaba en las alcantarillas de alguna calle que no sabía cuál era. Quería pedir auxilio, pero su voz había desaparecido. Sólo podía caminar y observar. ¡Qué agradable le parecía el mundo de antes comparado con este infierno que estaba viviendo! Pero ya no había marcha atrás.

sábado, 14 de mayo de 2011

De capa caída.

De capa caída y sonrisa obsoleta,
el corazón inquieto hace las maletas,
se marcha a un lugar, hoy desconocido,
qué pena que yo me quede dormido.
Náufrago llorica en tierra de nadie,
vaso medio lleno de humo y de sangre,
lento caminar, sucio desconsuelo
al imaginar que pisas mi suelo.
Soledad dispersa, arraigada a este pálpito
tan triste y cobarde, tan frágil y tácito.
Grito absurdo, lucha errante,
lento auxilio, y aberrante
disimulo.

miércoles, 20 de abril de 2011

Me acuesto en las estrellas.

Si no me llega el sol,
me acuesto en las estrellas,
y espero a que se pase la tormenta,
y veo si el corazón
está o se ha ido a hacer pellas,
y trato de entender a que se enfrenta.
Si no encuentro motivos
y la luz se me apaga,
con el mechero ilumino el camino,
y me pregunto a mí mismo
qué querrán que haga
aquellos que van moviendo los hilos...
de la vida y del alma,
del silencio y la rabia,
del ruido y del tiempo,
de la lluvia y el viento.

sábado, 16 de abril de 2011

¿Dónde queda el corazón?

Tengo el alma desterrada de mi cuerpo
y mis ojos sólo ven lo que yo quiero,
tengo un hueco pequeñito en el cerebro
donde guardo todos los malos recuerdos.
Las entrañas están llenas de pelusas
porque hace mucho que no limpio dentro de mí,
la cabeza se me descuelga del cuello
y no sé cómo voy a lograr sobrevivir.

Y es que sabemos de un montón de cosas,
pero yo no entiendo na de na,
los avances de la ciencia me desbordan,
pero yo me quedó en el sofá.
Y aunque todo cambie dándole a un botón,
yo no sé a cual hay que darle.
Y si la vida parece ciencia ficción,
yo pregunto: ¿dónde queda el corazón?

viernes, 15 de abril de 2011

Hoy tengo el cuello dislocado.

Hoy tengo el arte apagado,
consumido por la mente y la desgana de escribir,
me siento falso, removido por un hilo de esperanza
que se rompe en la garganta del que no puede gritar,
ni vivir.
Hoy tengo el cuello dislocado,
pero sigo de pie, incomprensiblemente,
absorto por la fuerza terrenal que me distrae
y me enjuaga las manos de arena y espuma.
Hoy tengo veneno en el estómago,
y fuego en la yema de los dedos,
ganas de acariciar el brillo de la luna,
pero aún domina el sol, porque es de día,
y la luna aún se esconde, como el llanto.
Hoy tengo una canción de cuna en la cabeza,
y poco más en ella.
Hoy tengo el corazón de acero, oxidado y viejo,
y tengo en las entrañas la saliva y la tinta
con la que nunca escribiré estos versos.
Hoy tengo el miedo metido en el cuerpo,
y la duda en compañía del silencio, y de la ficticia soledad.
Hoy tengo suspiros convertidos en palabras
que ni yo sé muy bien qué expresan,
pero que tienen que salir
para que no me devore la ira, la entusiasta y enérgica ira
que juega al yoyó con mi cabeza.
Hoy tengo una certeza, pero no la pienso escribir aquí.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Como un trozo de queso.

Es como inflarme por dentro, de pronto,
y esconderme en las redes de algo
que nunca ha existido, ni existe, ni existirá...
como encontrarme con gente que hacía mucho
que no veía, y no reconocerlas,
por el paso del tiempo, de la vida y de los vicios...
como si me reventasen la cabeza con dos balas
y pensase sobre ello, con el corazón lleno de ceniza
y la rabia en un puño, despierta...
como deambular por callejones traviesos
con gente que me llama por un nombre
que no es el mío...
como infrigir todas las leyes, reinventarlas,
para poder jugar al juego
que me plazca...
como subirme a una montaña rusa
y lanzarme al vacío desde arriba
y sacudir mi pelo llenándolo todo de caspa,
de sangre y de hielo...
como si guardase en secreto el flujo vaginal
de aquellas reinas que conquistan mi alma
para olerlos luego en soledad...
como si mis pulmones rebotasen dentro de mí
pidiéndome algo que les calme
y los sacie de su propia cárcel que es mi cuerpo...
como si pudiese gritar tan alto
que hasta los políticos, los dioses, los amos del cotarro
pudiesen oírme y besarme las nalgas...
como si la noche no hubiese acabado
y aún siguiese dormido, o muerto,
en la cama, vomitando pensamientos en realidades
paralelas sin sentido...
como si todo fuese sólo un sueño
y la vida pudiese pararse y cortarse
como un trozo de queso...
así me siento.

lunes, 28 de marzo de 2011

No quiero querer lo que no quiero.

Un trozo de esperanza enredada en mi mano
que se escurre cuando sopla el viento
es todo lo que necesito
para volar sobre el firmamento.
Una vela encendida incrustada en mi espalda
que ilumine el camino que voy dejando atrás
es todo lo que necesito
para caminar.
No quiero saber nada de lo que está por venir.
No quiero olvidar de dónde vengo.
No quiero esquivar piedras que no hacen falta.
No quiero querer lo que no quiero.
Una llama que foguee mi mente y mi vida,
que de chispa y calor sobre todas las cosas
es todo lo que necesito
para gozar del olor de las rosas.
Un silencio abatido con alas de lluvia
que me grite lo que nunca se pueda escuchar
es todo lo que necesito
para estar quieto y a la vez volar.
No quiero saber nada de lo que está por venir.
No quiero olvidar de dónde vengo.
No quiero esquivar piedras que no hacen falta.
No quiero querer lo que no quiero.

domingo, 27 de marzo de 2011

La vagueza persiste.

Llevo un tiempo sin poder
escribir nada coherente,
la inconstancia es mi constante,
la vagueza: persistente.
No hay excusas ni consuelos,
soy un inútil, no sirvo
ni tan sólo para darle
al pensamiento sentido.
Y es que me apago y me enciendo,
me derrito y me congelo,
me quito pesos que sobran,
pero me pongo otros nuevos.
Cada vez da más igual
lo que pase alrededor,
lo importante de verdad
es abrir el corazón
a lo que pueda venir
sin aviso ni permiso.
Todo baja y todo sube;
tal vez por eso no escribo.
Pero aquí no pasa nada,
y no hay de qué preocuparse,
que con un soplo de aire
hasta el corazón me arde.
A soplar, pues, sin pensar
en por qué no sé escribir,
las facultades están,
menos hablar, más vivir.

sábado, 26 de febrero de 2011

Ruidos con calma.

He salido a buscar un verso
lleno de energía positiva
y he encontrado escondido los restos
de algo parecido a una vida.
He tenido en mis manos la clave
para saber hacia donde avanzar,
y después he lanzado la llave
lo más lejos que la he podido lanzar.
Yo no quiero respuestas sencillas,
ni preguntas que agoten al alma.
Lo que quiero es dolor y alegría,
paz con nervios y ruidos con calma.