jueves, 2 de diciembre de 2010

Frente a mí, la hoja de un árbol.

Frente a mí, la hoja de un árbol
me recuerda que estoy vivo,
que irremediablemente sigo
y que de mí mismo me hago cargo.
Este yoísmo tan pesado
me cansa incluso a mí, lo juro,
ni egoísmo ni disimulo,
tan sólo lo siento y lo hago.
Y me equivoco a cada rato,
el corazón se me hace añicos,
y yo intento dejarlo escrito
para saber dónde me hallo.
Y busco en ese brillo innato
que tiene el sol cada mañana
alguna señal que me valga
para sentirme un tipo sano.
Y aunque desisto, sin embargo,
los rayos apuntan al suelo,
y resulta grato cuando veo
la hermosa hoja de ese árbol.

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