jueves, 2 de diciembre de 2010

Apatía.

Hay días de ésos
en los que te lo planteas todo,
pareja, trabajo, estudios,
y quieres cerrar los ojos
para dejar de ver.
Hay días de ésos
en los que la apatía sabe ganar,
cuando pisa a la fe
y se ríe de la absurda sonrisa
de la esperanza.
Hay días de ésos
en los que te das cuenta
del lugar en que estás
y de aquello que haces
y todo te parece absurdo,
indiferente.
Hay días de ésos
en los que es mejor
no ponerse a escribir,
para no ensuciar versos
con palabras
como éstas.

Fotos de carnet.

La soledad no es más
que hacerse fotos de carnet
y que te sobren
porque nadie las quiere,
porque nadie las pide.
Me tendré que apuntar
a alguna actividad
que me pida una foto
para hacerme un carnet.
Y así,
tal vez pueda engañar
a esa soledad.

La calle que ahora piso.

La calle que ahora piso
y que siempre está llena,
hoy se encuentra vacía
llorándome de pena.
La calle que ahora piso
que siempre se me queja
de que siempre la pisan
hoy añora estar llena.

Frente a mí, la hoja de un árbol.

Frente a mí, la hoja de un árbol
me recuerda que estoy vivo,
que irremediablemente sigo
y que de mí mismo me hago cargo.
Este yoísmo tan pesado
me cansa incluso a mí, lo juro,
ni egoísmo ni disimulo,
tan sólo lo siento y lo hago.
Y me equivoco a cada rato,
el corazón se me hace añicos,
y yo intento dejarlo escrito
para saber dónde me hallo.
Y busco en ese brillo innato
que tiene el sol cada mañana
alguna señal que me valga
para sentirme un tipo sano.
Y aunque desisto, sin embargo,
los rayos apuntan al suelo,
y resulta grato cuando veo
la hermosa hoja de ese árbol.