domingo, 25 de julio de 2010

Dudas.

Tengo tantas dudas como granos de arena hay en esta playa,
pensaba hace un rato frente al mar.
Ahora sigo con dudas,
pero no hay ni arena ni espuma,
ahora las dudas son recopiladas en fragmentos
de libros de poemas,
ahora las dudas fluyen de mi mente a un cuaderno,
ahora las dudas queman.
Las dudas no son dudas de verdad cuando se riegan con la sal del mar,
las dudas se convierten en misterios, ilusiones, fantasías,
ahora dudo de mis dudas, y al dudar,
la duda se convierte en una amiga.
La magia de la incertidumbre es que mis dudas me arropan en silencio,
y el silencio no existe, ya lo sé, pero la duda insiste. ¿Soy un necio?
¿Cuántos granos de arena habría en la playa hace unas horas?
¿Tantas dudas tengo yo realmente?
Me inquieta el pensamiento que surgió y que ahora aflora
de pronto, otra vez, en un sitio diferente.
Mi mayor duda quizá sea si poner en duda el resto de las cosas,
mi realidad se desvanece y da la vuelta
ante las dudas que viven en mi cabeza.
Mis dudas vuelan y giran como insectos,
galopan por el viento muy deprisa,
las dudas van y vienen todo el tiempo,
es divertido dudar. Me da la risa.
Dudo y dudo y dudo y dudo,
suena raro si lo dices mucho.
Dudo sobre qué es esto que ahora escribo,
no sé si tiene o no sentido ni me importa (no debería dudarlo, pero lo hago),
y mis dudas, tendidas al sol, ¿son un castigo o un halago?
Tengo tantas dudas como granos de arena había en aquella playa
que alimentó mi inquietud un instante y me bañó de dudas con su magia.

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