lunes, 3 de mayo de 2010

Con las manos vacías.

A veces estoy descalzo en tu frontera
y me detengo, con las manos vacías,
tan frágil y tan quieto, en la espesa
niebla, que en silencio me guía.
Tan sólo tu sombra ya me indica
que tengo que salir corriendo,
todos mis miedos me salpican
haciéndome volar como en un sueño.
Suelo confundir deseos y miedos,
y locura y amor, y vida y muerte,
sobre todo cuando hay tanto en juego
aunque me convierta en inconsciente.
Decido cargar con mi mochila
y asumo todo el peso que ésta lleva,
si me ves resbalar o caer, descuida,
sólo estaré reuniendo fuerzas
y esquivando el miedo a no admitir
que mi estado es de pura cobardía,
al pensar que en tu frontera gris
me quedaré por siempre con las manos vacías.
Y es que un corazón muere a cada instante
por otro que nace de repente.
Pero al alma, cuando ama y es constante,
no hay miedo que pueda detenerle,
ni siquiera ese miedo al fracaso,
y a quedarme sólo en una esquina,
esperándote como al ocaso
aún con las manos vacías.

No hay comentarios:

Publicar un comentario