lunes, 26 de abril de 2010

Mi aborto.

Mis palabras son sólo un aborto.
Desconsoladamente roto.
Tristemente abierto por el pecho
y sin órganos dentro. Hueco.
Como el murmullo de este viento,
que te habla en silencio.
¿Alguien oye los gritos de un mudo?
sólo un necio, triste y desnudo
de alma, que disfraza su voz con palabras
que no se cree ni él. Por eso luego calla.
Misántropos saludan a la vida
cortésmente, sin involucrarse,
¿has visto vivir a un suicida?
No hagas caso, habrá que callarse.
La realidad choca cuando pesa
contra cosas insignificantes,
que a la larga empiezan a pesar
y se chocan de nuevo al instante.
Por eso aborto mi vida,
aunque la viva a la vez,
es una insana ironía,
es lo que tú quieras ver.
Contadle a ese chico triste y cabizbajo
que la vida es bonita, que no busque un atajo,
que sabéis de qué le estáis hablando,
y él se reirá de vosotros, sumergido en el fango.
Pero no generalicemos,
que no todos los perros ladran y no muerden,
que no todas las partidas se ganan o se pierden,
que no todas las puertas se abren o se cierran,
que no todo el oro te atrae o te aleja.
Me aborto, ya que otros no lo hicieron,
y me aborto en silencio, mientras muero,
mientras vivo la vida de los otros,
que no viven más que mi muerte ante sus ojos.
Y la vida bastó para vivirla,
y la muerte bastó para pensarla,
si un susurro se grita no es lo mismo,
no siempre que se salta es a un abismo.
Pero hablemos claro, que ya es hora,
prefiero el olor a tabaco que a una rosa,
prefiero el color del mar que el de tus labios,
y prefiero la ignorancia de los sabios
antes que la certeza de saber
que todo lo que sé no sirve para nada.
Que tú y yo somos dos, y aquél es uno,
si ese uno fuera yo, ¿cuántos habría?
es fácil, la verdad es que ninguno
porque nadie es real, vaya ironía.
La vida se resbala por mis ojos,
en cada gotita del veneno
ese que llaman llanto y que a su modo,
aparece siempre despacio y sin freno.
Ha llegado el momento de aclarar
que me acuesto en la cama a respirar,
con Bob Dylan de fondo, sin pensar
en algo que no sea abortar,
abortar esta vida que te imponen,
abortar con palabras que acobardan
al más valiente de los impostores
que viven haciendo trucos de magia.
La vida no se vive a sí misma, vaya envidia
la muerte no se mata, el amor no se ama
y el llanto no se llora, qué desdicha,
pero el hombre se humaniza con cada
desdicha, llanto, amor, envidia,
con cada muerte y con cada vida.
Alocada razón la que me ata
al nicho de la vida, vaya intriga,
a la cuna de la muerte me acompaña
Benedetti, que me da la energía.
Y recuerdo un verso que decía:
"Dale vida a tus sueños aunque te llamen loco"
y ese verso aborta mis abortos,
mis intentos de vivir algo más que la vida.

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