lunes, 26 de abril de 2010

La huída.

Una maleta hecha, la esperanza se fue,
la montaña me llama, el fuego empieza a arder,
el silencio del alma me hace ver que estoy solo,
y con la puerta abierta, pienso el por qué y el cómo.
Si he de irme, me iré, lo haré sin despedirme,
asumiré los riesgos y el miedo a escabullirme,
a huir sin tener fe, a perderme en la niebla,
y sólo descender, caer como una piedra.
Tengo miedo, lo admito, pero no sé qué hacer,
dudo y dudo sin tiempo, sin lograr resolver,
escucho las llamadas de esas voces sin eco,
pierdo el control, me agito, me busco y me golpeo.
Y con la puerta abierta, sigo mirando afuera,
pensando, si me marcho, a dónde irán mis huellas,
pensando, si me quedo, de qué me servirá,
pues quedándome o yéndome, un muerto, muerto está.

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