lunes, 26 de abril de 2010

Ese momento preciso.

Llegó el día en que desperté sin que estuviese dormido,
un manto tapó mis ojos desafiando al destino,
es el manto del dolor, de la ausencia de la luz,
de una espesa niebla gris que prepara mi ataúd.
La ligera pluma triste que camina sobre el folio
confiesa aquello que siento, aquello que ven mis ojos,
no puedo negarle nada, llora por mí cada día,
y en ella escondo mis penas, y también mis alegrías.
Evado, me oculto, huyo, de todo aquello que duele,
y aunque sonría y disfrute, mis ojos no mienten,
ellos no saben hacerlo, guardan todos los secretos,
que me atrapan, me corrompen, que me consumen por dentro.
Pero aquí sigo, a la espera de ese momento preciso
en el que el llanto y la risa se conviertan en lo mismo.

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