lunes, 26 de abril de 2010

Cerrar los ojos.

Voy a tratar de no mirar atrás,
y si lo hago, será para asumir
que el tiempo pasa, siempre sin preguntar.
que el mundo sigue cuando vas a dormir.
Voy a quedarme mirando el mar,
sintiendo el viento dentro de mí,
no importa que esté sentado en el sofá,
de esta ciudad llamada Madrid.
Me voy tan lejos como puedo,
cierro los ojos y desaparezco,
pero todo continúa tal como estaba
el rugir de los coches me atrapa.
Pero me entretengo con la lluvia,
la veo caer, veloz, tan enfadada,
golpeando a las aceras, sucias, turbias.
Y me vuelvo a marchar como si nada.
He de escapar de este gris, de esta tormenta,
de este frágil hilo que me sustenta,
he de huir hacia la naturaleza,
cierro mis ojos y bajo mi cabeza.
Suspiro, indefenso y roto,
golpeado por todos los recuerdos,
entre mis pensamientos floto,
me paseo entre el cielo y el infierno.
Mi columpio es una barra de hormigón,
mi regalos son lágrimas y humo,
cuando pienso que no queda solución,
cierro los ojos y escapo, sólo huyo.
Y allí nadie puede encontrarme,
nadie puede detenerme, ni dañarme,
es mi cueva, mi mar, mi paz,
y su precio es la soledad.
Cerrar los ojos es morir,
morir por un instante muy fugaz,
abrir los ojos es vivir,
deseando los ojos cerrar.

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