jueves, 29 de abril de 2010

A menudo me confundo con mi sombra.

En horas como ésta,
a menudo me confundo con mi sombra,
me tropiezo y me resbalo con la alfombra
de mi pequeño rincón de fantasía.
Palabras directas:
duerme, descansa, sueña, ronca.
Atravieso mil estados, voy en contra
de lo que me proponga la vida.


miércoles, 28 de abril de 2010

Qué mal he dormido hoy...

A veces disimulo mi tristeza
con cansancio físico..."Qué mal he dormido",
me escondo en la delicadeza
de las cosas pequeñas que no olvido.
Seco mis lágrimas a solas
y me escapo tan lejos como puedo,
me subo en mi pequeña escoba
y en ella, con mi tristeza, vuelo.
Escoba porque barre ese dolor
que en el mundo real me asesina;
dolor de esconder el corazón
y asfixiarme con mi propia vida.

Toda tú: Bondad. (A ti)

No me atrevo a quererte y ni te conozco,
no me atrevo a dejarme con lo que me pasa,
no quiero que tú caigas en un pozo
como todo aquél que me da esperanza.
Eres como un ángel, toda tú: bondad,
y yo tan pequeño, a tu lado, no sé
cómo sostener esto que me das
con mi miedo a arrastrarte si me ves caer.
Ojalá pudiese gritar lo que siento
y romper estas cadenas por ti,
pero me aseguro de que lo correcto
sea que tú estés bien, a pesar de mí.
Y el pasar del tiempo dirá sus palabras,
y ni con mis lágrimas las borraré.
Un corazón muere cuando muere su alma
y la mía ha caído al dejarme perder,
perder todo aquello que aún no conozco,
y apartar la vista de lo que muero por ver.
A ti.

Ilusión óptica.

La felicidad es una ilusión óptica,
tal como el amor, que viene y se va.
Donde nada es real si no permanece,
lo único constante es la soledad.
La resignación de un corazón triste
ya vaga en silencio por la oscuridad,
por caminos inciertos que avisan del miedo
al dolor y al vacío de esa soledad.
Que se vayan todos los que quieren irse,
que sólo se queden los que ya no están,
que mi pulso juegue con la muerte al poker
y me dejen sólo con mi soledad.

Miedo.

No podemos elegir si reír o si llorar,
lo que más amamos siempre acabamos por odiar,
o nos odiamos nosotros simplemente por amar
aquello que se nos va por el miedo a fracasar.
Fracasar y perder todo mucho antes de tenerlo,
ser tan cobarde que antes de empezar, te escapas lejos,
huyes donde no te vean, y te escondes en silencio,
y aunque estés lleno de amor, sólo se oirán tus lamentos.
Los recuerdos que traicionan a mi insana mente
son los culpables del miedo a amarte y luego perderte.

martes, 27 de abril de 2010

La incertidumbre de lo cotidiano.

Va siendo hora de decir
lo que nadie se atreve a pensar,
el silencio que va más allá
de lo que uno puede predecir.
La incertidumbre de lo cotidiano
que se asemeja a tu realidad,
no es más que un falso paisaje vulgar
de un cuento falso de algún país lejano.
No pido que entiendas lo que digo,
ni si quiera que prestes atención,
pero si hay sangre en tu corazón,
mejor que sigas tu camino.
Estoy cansado de derramar
palabras que rebotan en paredes,
con la intención de escapar de las redes
que, a cada rato, me impiden volar.
Basta ya de poética moral,
que se callen las lenguas de los locos,
que iluminen la sangre los focos
que atestiguan a mi soledad.
Aunque está en la sección "Como músico...", dejo también aquí la web desde la que podéis descargar gratis los que queráis mi maqueta Buscando mi estrella.
http://www.lastfm.es/music/Álvaro+Deudero/Buscando+mi





Os dejo aquí la tercera canción de mi maqueta "Buscando mi estrella".

Letra:

EN MOMENTOS ASÍ

La gente grita y corre
desesperada en la ciudad,
la gente huye del miedo
que le provoca la verdad.
El fuego todo lo abrasa,
las flores dejan de oler,
el llanto inunda las casas
y sólo puedes correr.

En momentos así,
me desespero,
en momentos así
pierdo la fe.
Me agarro a ti, para crecer,
para seguir.

Y todo sigue igual,
en la tranquila apariencia,
la gente vive sin más.
Acércame otra cerveza.
Necesito olvidar.

En momentos así,
me desespero,
en momentos así
pierdo la fe.
Me agarro a ti,
para crecer, para seguir.

lunes, 26 de abril de 2010


Retazos de Soledad


La soledad no afecta a todo el mundo de la misma manera. Santiago, un pesimista psicólogo penitenciario, comienza a tratar a César, un joven que asesinó a sus padres.

Desde este encuentro, cada uno de ellos descubrirá nuevos conceptos y una diferente forma de ver la vida. El mundo que los rodea y las personas que los van acompañando a lo largo de los años que dura este camino, serán testigos de cómo los más sólidos planteamientos pueden disolverse en cuestión de segundos.

Ésta es en definitiva una historia sobre la soledad tratada desde varios puntos de vista y de cómo cada cual elige su actitud ante la vida, afrontándola desde las más diversas posturas.


http://www.nuevosescritores.es/index.php/Libros/Retazos-de-soledad.html

¿Dónde estarán escondidos mis pecados?

A veces el temblor de mis pupilas
adelanta lo que va a pasar,
a veces el silencio que vigila
es un necio que no sabe caminar.
Cuidado con las piedras de mi alma
que caen todas de golpe y sin aviso,
no pases por debajo de mis ramas
de hojas secas que me dan alivio.
A veces algún pájaro que canta
susurra en mis oídos algún grito,
y en la tempestad oscura de mi calma
reconozco a mi voz pidiendo auxilio.
Oxígeno, sudor y sangre,
diamantes de mi tierra envenenada,
si ves que estoy lejos o distante,
es sólo que mi estrella está borrada.
Y la busco allá en el horizonte,
con ojos húmedos y cerrados,
tratando de adivinar dónde
estarán escondidos mis pecados.
Mi lengua insensata cabalga
por palabras que prefiero callar,
mi delirante corazón escarba
la neurosis que trato de ocultar.
Olvidemos ya lo que ha pasado,
quememos al mártir en la hoguera,
dame algo verde y todo arreglado,
que se vayan la rabia y la pena.

La sangre es sangre.

¿Cuánta paciencia se necesita
para dejar de ver la realidad?
¿Cuántas batallas han de perderse
para admitir que todo va mal?
¿Cuántos silencios han de escucharse
para aceptar todo el ruido?
¿Cuánta sangre he de perder
para olvidar lo que he vivido?
¿Cuánta tristeza cabe en un alma,
que se refugia sola y perdida?
¿Cuántas lágrimas son necesarias
para sanar estas heridas?
¿Cuántas sorpresas desagradables
esperan a este estúpido ser?
¿Cuántas desilusiones más
me quedan por ver?
Estoy cansado, a decir verdad,
de pisar la tierra queriendo volar.
Estoy cansado de conformarme
de verlo todo, y luego alejarme.
Estoy cansado de decidir
si quiero o no quiero sonreír.
Estoy cansado de asimilar,
de tanta terapia, de tanta humildad.
¿Por qué complicar tanto las cosas?
La sangre es sangre, y la vida es corta.
¿Por qué llorar escondido del resto?
Que se oiga mi llanto y mis gritos al viento.
¿Por qué fingir que no pasa nada?
Si en vez de dormir, escribo hasta la madrugada.
¿Cuánta tardanza, cuánto desconsuelo
para entender que uno mismo es su cepo?
¿Cuánto nostalgia por lo que no está?
¿Cuántas palabras que sólo se van?
¿Cuánta absurdez, cuánta tontería?
¡Marchaós todos lejos de mi vida!

Cerrar los ojos.

Voy a tratar de no mirar atrás,
y si lo hago, será para asumir
que el tiempo pasa, siempre sin preguntar.
que el mundo sigue cuando vas a dormir.
Voy a quedarme mirando el mar,
sintiendo el viento dentro de mí,
no importa que esté sentado en el sofá,
de esta ciudad llamada Madrid.
Me voy tan lejos como puedo,
cierro los ojos y desaparezco,
pero todo continúa tal como estaba
el rugir de los coches me atrapa.
Pero me entretengo con la lluvia,
la veo caer, veloz, tan enfadada,
golpeando a las aceras, sucias, turbias.
Y me vuelvo a marchar como si nada.
He de escapar de este gris, de esta tormenta,
de este frágil hilo que me sustenta,
he de huir hacia la naturaleza,
cierro mis ojos y bajo mi cabeza.
Suspiro, indefenso y roto,
golpeado por todos los recuerdos,
entre mis pensamientos floto,
me paseo entre el cielo y el infierno.
Mi columpio es una barra de hormigón,
mi regalos son lágrimas y humo,
cuando pienso que no queda solución,
cierro los ojos y escapo, sólo huyo.
Y allí nadie puede encontrarme,
nadie puede detenerme, ni dañarme,
es mi cueva, mi mar, mi paz,
y su precio es la soledad.
Cerrar los ojos es morir,
morir por un instante muy fugaz,
abrir los ojos es vivir,
deseando los ojos cerrar.

¿A qué pertenezco?

En la confusión que me provoca la existencia,
me entretengo pensando cuál es mi lugar,
¿a qué pertenezco?, ¿y con qué derecho?
me niego la ausencia de la soledad.
El doliente pecho que quema mi mano,
se cansa, se agita, se pone a temblar,
dudando y dudando sobre qué y por qué,
comprobando hechos, buscando verdad.
Mente insana, incapaz de asumir lo real,
que se esconde entre el bien y el mal,
entre viejos coches y edificios altos,
entre el cielo gris y el ambiguo mar.
Olvido quién soy, olvido qué quiero,
me olvido de todo, me engaño sin más,
¿A qué pertenezco? ¿De quién es la sombra?
Son demasiadas las cosas que he de afrontar.

Simplemente...

Simplemente tristeza, a secas, sin motivo,
tristeza camuflada, valiente, sin ruido,
tristeza distinguida, diferente, radiante,
tristeza alegre, escurridiza, cobarde,
tristeza ágil, veloz, persuasiva,
tristeza amable, convincente, activa,
tristeza ruda, severa, pesada,
tristeza inerte, amiga, enfadada,
tristeza débil, ausente, suspicaz,
tristeza libre, constante, eficaz,
tristeza triste, añorante, caída,
tristeza frágil, descuidada, cohibida,
tristeza falsa, cruel, necesaria,
tristeza pura, enemiga, amarga,
tristeza llena de significado,
tristeza que te deja a un lado,
tristeza que duele, que hace sangrar,
tristeza maldita, que viene y se va.
Simplemente tristeza, a secas, sin motivo,
por vivir, sin más, tristeza es mi castigo.

Ese momento preciso.

Llegó el día en que desperté sin que estuviese dormido,
un manto tapó mis ojos desafiando al destino,
es el manto del dolor, de la ausencia de la luz,
de una espesa niebla gris que prepara mi ataúd.
La ligera pluma triste que camina sobre el folio
confiesa aquello que siento, aquello que ven mis ojos,
no puedo negarle nada, llora por mí cada día,
y en ella escondo mis penas, y también mis alegrías.
Evado, me oculto, huyo, de todo aquello que duele,
y aunque sonría y disfrute, mis ojos no mienten,
ellos no saben hacerlo, guardan todos los secretos,
que me atrapan, me corrompen, que me consumen por dentro.
Pero aquí sigo, a la espera de ese momento preciso
en el que el llanto y la risa se conviertan en lo mismo.

Regreso.

Regreso al mismo lugar del que nunca me fui,
con los ojos cerrados, el corazón abierto, un no y un sí,
con el alma en el puño, los ojos encharcados mirando hacia el fin,
con la rabia a mi lado, el dolor y la pena, la soledad ruin.
Regreso a mi presente, vacío, destructivo,
lleno de dudas, de miedos, de castigos,
locuras, gritos, silencios, ruidos,
regreso al calabozo de mi castillo.
Regreso sin querer volver,
queriendo estar tan sólo en el arcén,
viendo pasar a todos, y a la vez
viendo mi nada, mi esencia, mi no ser.
Regreso a ningún sitio una vez más,
a mi infierno, a mi pena, a mi soledad,
a mi eterna condena, siempre igual,
llena de nada, ¿qué más da?
Me quedo solo delante de la luz,
dudando si avanzar o no,
dudando si vivir o no,
tan sólo regresando a mi cruz.

Cómplice.

Escondo pensamientos en libretas,
mi cómplice: la tristeza,
tan sólo vivo si la muerte me reta,
nunca encajarán las piezas.
¿Qué es todo esto que esconden mis ojos?
El espejo me delata.
¿Qué dices, silencio, tan frágil y tan roto?
Cada grito me atrapa.
Cuánta incomodidad, cuánto dolor,
me cansa soportarme,
sería mejor rasgar mi corazón
y chuparle la sangre.
Que los dioses hoy recen por mí,
y se cambien los roles,
que la muerte se cuele en mi jardín
y mi vida me llore.
Basta.
No más lamentos, nadie los oye,
Ya está.
Deja que este tormento me ahogue.
Nubes de algodón mojado, de cenizas,
ése es mi cielo.
Por qué tanto temor al fin, si la vida
es sólo es un juego.
Escondo pensamientos en libretas,
pero se escapan,
es mi cómplice: la maldita tristeza,
quien me delata.

Raro.

Es una sensación extraña
la que me araña el alma,
me siento fuera de mí
empezando tras un fin.
Apenas me reconozco
así, saliendo de un pozo
en el que siempre me ahogué
y que ahora me hace crecer.
No sé si es bueno o es malo
esto de sentirse humano,
esto de de vencer al ego,
de dejar de estar tan ciego.
Es tan raro lo que siento...,
como si parase el tiempo,
y así la vida me hablara
diciéndome sólo : "avanza",
recordando lo pasado,
pero mirando a otro lado.
Esta sensación compleja
creo que al miedo se asemeja,
al temor de no saber
cuándo, dónde, ni por qué,
ni cómo ni con qué fin,
es este miedo a vivir...

Quiero olvidarte.

Quiero olvidarte, tenerte y decirte que te vayas, quiero ansiarte, verte inerte en tu estandarte, odiarte y vestirte de trozos de mi alma, quiero romperte el corazón, quiero abrazarte, atarte y hartarme de ti, quiero envolverte y lanzarte, quiero hacerte arte y convertirte en verso, quiero sentirte, viva o muerta, mía o de nadie, quiero esquivarte y engendrarte, aburrirte, cansarte, quiero exprimirte y sacarte jugo, hacerte zumo y beberte hasta ahogarme.
Quiero olvidarte y no sé cómo amarte mientras tanto, ni odiarte, ni llorarte, estoy tan harto de esperarte, de escupirte, y esculpirte en mis pupilas, quiero liberarte de mí.
Quiero olvidarte, sin olvidarme de vivir.

Lloro.

Lloro. Otra vez más. Inevitable para mí.
Justo en la cumbre, cuando más estaba creciendo.
No sé qué me arde por dentro, qué me quema,
qué me consume, me desalienta,
me atrapa, me agarra el alma y la devora,
la destruye, la hace añicos,
juega con ella al escondite y siempre gana,
no sé de qué se alimenta mi tristeza si apenas le doy de comer,
y está tan grande, tan crecida,
como antes, como siempre.
Lloro. Desconsolado. Solo.
Lleno de gente dentro. Nadie fuera.
Muero. El llanto grita dentro de mí.
Me muerde las encías, me sangran.
Mis ojos me escuecen, se cansan de vivir.
No quiero ver. Ni llorar.
Pero lloro. Y se me para el ritmo cardíaco,
pero sigue latiendo el corazón. A sus anchas.
Mis dedos se paralizan. Apenas puedo escribir esto.
El pecho se me encoge. ¿Es esto la muerte?
¿O es esto la vida? Llorar por un sueño,
por impaciencia, por deseo,
por nostalgia, por falta de fe, por insomnio.
Lloro de la mano del consuelo. Son uno mismo.
Y ninguno me sirve de nada.
Mi cabeza se agacha y mi boca no puede cerrarse.
Bostezo de tanto llanto. De asfixia.
Lloro por el deseo de parar de llorar y no poder.
Quiero quitarme la vida, pero la muerte no me quiere aún con ella.
No sé qué quiero, ni qué quieren de mí.
Sólo lloro. Por dentro, por fuera. En silencio, gritando.
Mi mente sangra. Y sólo quiero vomitar.
La desesperanza cautivadora coloca cada cosa en su lugar.
Caos. Confusión. Desastre.
Quiero romper una caja de música en mil pedazos.
Quiero embalsamar algún cadáver, junto al mío.
Tengo que guardar las apariencias.
Pero lloro. Y sigo llorando.
Y sigo aún más. Y no sé cuánto tiempo voy a estar así...

Lejos.

No puedo soportar el humo de las calles,
escupo a todas horas sin saber por qué,
el viento, el mar, el campo, y todo lo salvaje
es allí donde hoy yo me quiero perder.
Y no mirar atrás, tumbado bajo el sol,
desconectar de un mundo falso y artificial,
vencer el miedo al ego tan sólo con amor
y a esa triste, cobarde y conocida soledad.
Sucumbirme entre tierras donde nadie me vea,
escapar del ruido, de las prisas y el odio,
obligarme a vivir y a tener siempre fuerzas
para saber salir de esos tiempos de agobios.
Y vivir entre bichos, como he vivido siempre,
pero ahora sólo bichos sin malas intenciones,
cegarme con la luz de los amaneceres,
y escribir en las piedras con sangre mis canciones.
No logro convencerme de que debo quedarme
en una vida insípida, inerte y material,
y con unos valores que me hacen asfixiarme.
Sólo quiero gritar lejos, en soledad.

El viaje.

Admito la derrota ante la vida,
este cansancio que aflora en mí,
este silencio, estos pasos pesados
que me encaminan hacia un fin.
Es el viaje lo que más me cuesta,
librarme de todas mis mochilas,
quiero dejar de fijar metas
y tan sólo seguir, de pie, con vida.
Al correr pienso que llego antes,
no sé ni a dónde ni para qué,
y cuando siento que pierdo el aliento
es de verdad cuando empiezo a crecer.
Sólo moverme de un lugar a otro,
incontrolado, loco, sin pensar,
olvidándome de todo lo vivido,
para poder realmente recordar.
Echar de menos es lo que más temo,
sentirme desconsoladamente roto,
no tener fuerzas para caminar
y tener que cambiar un sueño por otro.

Ciérralos. (Para Mariu)

El eco de lo que no decimos nos castiga,
nos hace sensibles al recuerdo,
nos mantiene alerta, con intriga,
a expensas de temores y de miedos.

La sombra de lo que no vemos nos invade,
nos fustiga en silencio, a todas horas,
nos controla y nos sentimos cobardes,
y huimos mientras nuestra alma llora.

El llanto que no lloramos nos destruye
por dentro, y nos convierte en nada,
y toda nuestra esencia se diluye,
se hace humo y se va en bocanadas.

El amor que nunca amamos se nos va,
se escapa entre recuerdos que inventamos,
como todos esos besos que aún están
grabados en cenizas de cigarros.

El dolor de lo ficticio y lo real
son tan puros que apenas se distinguen,
disfrazamos nuestra vida de vulgar
mientras nuestro corazón se extingue.

Por eso no nos queda nada más
que lo que hemos vivido y lo que no,
recuerda que la vida es tan veraz
que los ojos no engañan, ciérralos.

Tormento, silencio, vacío.

Tormento, silencio, vacío.
Espero a un Dios que me salve,
un pájaro ileso en el aire
que vuele solo hacia su nido.
Espejos, ladridos, heridas.
Vacilan ideas en mi mente
que asfixian a ese ser inerte
que vive mi muerte y mi vida.
Guitarra, sangre, poesía.
Divido mi vida en dos partes,
una sin y otra con arte,
y hago sangrar mis encías.
Enfermos, llanto, pasión.
El viento golpea mi cara,
vivo un instante que acaba
cuando nace la ilusión.
Risas, suicidio, fuego.
Lastimo a mi pensamiento
mientras a la vida tiento,
y poco a poco me muero.
Tormento, silencio, vacío.

La huída.

Una maleta hecha, la esperanza se fue,
la montaña me llama, el fuego empieza a arder,
el silencio del alma me hace ver que estoy solo,
y con la puerta abierta, pienso el por qué y el cómo.
Si he de irme, me iré, lo haré sin despedirme,
asumiré los riesgos y el miedo a escabullirme,
a huir sin tener fe, a perderme en la niebla,
y sólo descender, caer como una piedra.
Tengo miedo, lo admito, pero no sé qué hacer,
dudo y dudo sin tiempo, sin lograr resolver,
escucho las llamadas de esas voces sin eco,
pierdo el control, me agito, me busco y me golpeo.
Y con la puerta abierta, sigo mirando afuera,
pensando, si me marcho, a dónde irán mis huellas,
pensando, si me quedo, de qué me servirá,
pues quedándome o yéndome, un muerto, muerto está.

No es un favor, es una súplica.

Apagad las luces al salir, que no quiero ver nada,
dejad que mi respiración se aleje a bocanadas,
coged mis cosas y marchaos, me basta este silencio,
rasgad mi alma hasta sangrar y no ponedle precio.
No es un favor, es una súplica, dejad de quererme,
olvidad lo que he sido y seré, y olvidad el presente,
renunciad a tener presencia de mí,
vaciad vuestra mente en algo más sutil.
Confesad que queréis sentiros más plenos,
asumid que la soledad es parte de este infierno,
afirmad que el dolor nos deteriora el alma,
y fingid que no pasa absolutamente nada.
No es un favor, es una súplica, dejad de quererme,
olvidad todo aquello que os hizo conocerme,
renunciad a sentiros en mi compañía,
vaciad vuestro ser en alguna alegría.

¿Cuánto pesa el recuerdo? (Homenaje al primer curso del Estudio Corazza)

¿Cuánto pesa el recuerdo? ¿Qué me pasa con él?
¿Con el olor a incienso y las ganas de volver?
¿Cuántas tazas y sillas? ¿Cuántas cuentas pendientes?
Pon tu mano en mi pecho. Pregúntame: “¿Qué sientes?”
¿Cuantos viajes y cuántas dudas? ¿Cuánta paciencia?
¿Cuánto amor al trabajo? ¿Cuánta experiencia?
¿Cuántos bailes absurdos? ¿Cuántos marionetistas?
¿Cómo ver todo aquello dónde no alcanza la vista?
¿Cómo salir del paso? ¿Cómo avanzar tan lento?
¿Cuánta exigencia nula? ¿Y cuánto desaliento?
¿Cuántos abrazos dados? ¿Y cuántos recibidos?
¿Cuántas manos te guían si te sientes perdido?
¿Cuántos largos viajes sentados, sin movernos?
¿Cuántos breves momentos que se hicieron eternos?
¿Dónde se queda el humo de los cigarros que no se fuman?
¿Dónde están esos lobos que lloran cuando aúllan?
¿Y cuántas cosas dejo? ¿Cuántas cosas me llevo?
¿Por qué, si estoy tumbado, aún siento que me elevo?
¿Será por todo aquello que pasa en la ficción?
¿Será por distinguir instinto y corazón?
¿Impulso y emoción? ¿Capricho y vocación?
Y volviendo a lo de antes, ¿cuánto dura un instante
que se queda por siempre grabado y constante?
¿Cómo puedo explicar aquello que me pasa
al sentir que comienzo justo cuando se acaba?
¿Y cuántas esperanzas? ¿Cuántas sorpresas?
¿Cuántas miradas que no cesan?
¿Cuántas esperas? ¿Cuántas entradas?
¿Cómo calmar la pena por saber que se acaba?
¿Y cuánta intimidad al servicio de todos?
¿Cuántas barreras saltadas codo con codo?
¿Cuánta gente se va, aunque siempre se quede?
¿Cómo decir “adiós”..., si no se puede?

Es una pena.

Es una pena que te limites,
que creas saber quién eres,
que dejes que el resto te incite
a vivir la vida mientras mueres.
Es una pena que te cuadricules
en una vida que no estás viviendo,
ahora permíteme que me asegure
de que mientras lees, no te estás durmiendo,
Si es así, cierra esto con tu mente,
al menos por ahora,
cuando quieras vivir el presente,
esa será la hora.
Es una pena que no te permitas
ver y vivir sin prejuicios.
Estas palabras aquí escritas
son sólo ladrillos de mi edificio.
Es una pena que no te valores
y que no te critiques en medida,
no se trata de regalarse flores,
ni tampoco de quitarse la vida.

Sutil alegría.

Sutil alegría por la pérdida,
por el regalo de no tener nada,
de tenerlo todo sin posesión,
de no perder ni ganar porque no hay batalla.
El perdón interior que vence a la culpa
reside en esa paz, en el silencio,
en aprender a vivir con conciencia
y dejar de vivir como un necio.
Mis bolsillos vacíos y mi alma llena,
por fin descubrí que el fuego no quema.

Mi aborto.

Mis palabras son sólo un aborto.
Desconsoladamente roto.
Tristemente abierto por el pecho
y sin órganos dentro. Hueco.
Como el murmullo de este viento,
que te habla en silencio.
¿Alguien oye los gritos de un mudo?
sólo un necio, triste y desnudo
de alma, que disfraza su voz con palabras
que no se cree ni él. Por eso luego calla.
Misántropos saludan a la vida
cortésmente, sin involucrarse,
¿has visto vivir a un suicida?
No hagas caso, habrá que callarse.
La realidad choca cuando pesa
contra cosas insignificantes,
que a la larga empiezan a pesar
y se chocan de nuevo al instante.
Por eso aborto mi vida,
aunque la viva a la vez,
es una insana ironía,
es lo que tú quieras ver.
Contadle a ese chico triste y cabizbajo
que la vida es bonita, que no busque un atajo,
que sabéis de qué le estáis hablando,
y él se reirá de vosotros, sumergido en el fango.
Pero no generalicemos,
que no todos los perros ladran y no muerden,
que no todas las partidas se ganan o se pierden,
que no todas las puertas se abren o se cierran,
que no todo el oro te atrae o te aleja.
Me aborto, ya que otros no lo hicieron,
y me aborto en silencio, mientras muero,
mientras vivo la vida de los otros,
que no viven más que mi muerte ante sus ojos.
Y la vida bastó para vivirla,
y la muerte bastó para pensarla,
si un susurro se grita no es lo mismo,
no siempre que se salta es a un abismo.
Pero hablemos claro, que ya es hora,
prefiero el olor a tabaco que a una rosa,
prefiero el color del mar que el de tus labios,
y prefiero la ignorancia de los sabios
antes que la certeza de saber
que todo lo que sé no sirve para nada.
Que tú y yo somos dos, y aquél es uno,
si ese uno fuera yo, ¿cuántos habría?
es fácil, la verdad es que ninguno
porque nadie es real, vaya ironía.
La vida se resbala por mis ojos,
en cada gotita del veneno
ese que llaman llanto y que a su modo,
aparece siempre despacio y sin freno.
Ha llegado el momento de aclarar
que me acuesto en la cama a respirar,
con Bob Dylan de fondo, sin pensar
en algo que no sea abortar,
abortar esta vida que te imponen,
abortar con palabras que acobardan
al más valiente de los impostores
que viven haciendo trucos de magia.
La vida no se vive a sí misma, vaya envidia
la muerte no se mata, el amor no se ama
y el llanto no se llora, qué desdicha,
pero el hombre se humaniza con cada
desdicha, llanto, amor, envidia,
con cada muerte y con cada vida.
Alocada razón la que me ata
al nicho de la vida, vaya intriga,
a la cuna de la muerte me acompaña
Benedetti, que me da la energía.
Y recuerdo un verso que decía:
"Dale vida a tus sueños aunque te llamen loco"
y ese verso aborta mis abortos,
mis intentos de vivir algo más que la vida.

Sin mirar atrás. (Relato breve)

Caminemos juntos de la mano y sin mirar atrás, dijiste,
y de pronto, mi mano estaba suelta y tú delante, guíandome,
mal comienzo.
Empecemos de nuevo, mejor,
a ver qué conseguimos,
que los ladridos de los perros no te asusten,
que sólo el eco de mi voz se quede en tus oídos,
o algo así, no lo recuerdo.
A ver, te dije, ¿hacia dónde vamos ahora?
No lo sé, eso es lo de menos.
¿Pero por qué este ansia de caminar y caminar
sin saber siquiera a dónde vamos?
Porque esto trata de eso, de un camino que te lleva a sitios,
no de sitios que requieren un camino.
Bonitas palabras, pensé, pero las cosas no funcionan así,
cada camino corresponde a un sitio, y es de locos,
de necios, de ciegos, adentrarse en ellos sin saber hacia dónde te llevan.
Vale, hacemos una cosa, propusiste:
yo voy por un lado y tú por otro,
y cuando lleguemos al punto final, volvemos y nos contamos la experiencia.
De acuerdo, dije sin más.
Y mi mano sola...
Caminé, y la única diferencia con respecto al anterior viaje
era que ya no tenía a quién preguntar a dónde íbamos.
¿Las respuestas estaban en mí? ¿O ni siquiera había respuestas?
caminé y caminé y el camino nunca acabó.
Pero, de pronto un día, sin esperármelo,
apareciste y dijiste: ¡ey! ¿te acuerdas de mí?
Estabas diferente, pero te reconocí.
¿He llegado al final del camino y por eso te encuentro de nuevo?
No, tu camino no se acaba aún, pero el mío sí.
Por eso te estaba buscando.
¿Y qué tal fue la experiencia? pregunté.
Hubo de todo, reí, lloré, canté, bailé, tuve miedo,
corrí, me enamoré, odié, estuve al borde de la muerte,
sentí miles de cosas.
¿Y al final del camino qué había? pregunté.
Tú, respondiste. Y agarraste mi mano.

Tengo...

Tengo un hueco entre mi pecho y yo,
y no sé por qué.
Tengo el alma vacía, de cartón,
y no sé por qué.
Tengo un nudo constante en la garganta,
y no sé por qué.
Tengo todo lo que no hace falta,
y no sé por qué.
Tengo tanto y tanto que sobra,
y no sé por qué.
Tengo un pequeño corazón que llora,
y no sé por qué.
Tengo miedos, angustias e ira,
y no sé por qué.
Tengo paz sólo cuando me miras,
y sí sé por qué.

Ante ti.

Y otra vez más, sin darme cuenta, solo,
como el silencio, hueco, incómodo,
por todas esa voces, acompañado,
que no hablan y no hacen más que daño.

Y otra vez más, sin darme cuenta, busco
alguien a quien amar, sigo confuso,
tiendo mi mano y siento sólo aire
denso, caliente, frágil. Pero no hay nadie.

Y otra vez más, sin darme cuenta, grito,
grito desesperado en tus oídos,
y tú no oyes, o bien te haces la sorda,
será que mis palabras incomodan.

Y otra vez más, sin darme cuenta, solo,
ante la vida, los miedos y, sobre todo,
ante ti.

Trsiteza.

Antes que nada he de decir
que te convierto en musa sin permiso,
que en mitad de la noche una mirada
siempre llega sincera y sin aviso.
Antes que nada he de decir
que la llave de mi jaula está en tu mano,
pero yo me aferro con fuerza a los barrotes
convirtiendo todo lo que me pasa en vano.
Antes que nada he de decir
que lloro a solas, pero sólo es llanto,
que una palabra en un lugar concreto
es algo más, es demasiado, es tanto...
Antes que nada he de decir
que el alma se moldea como el barro,
que la vida es un juego, y el azar
una palabra escrita con cigarros.

No olvides el por qué.

No susurres a gritos ni grites en silencio,
no abaniques el miedo que te distrae del sueño,
no seas necio contigo ni te creas demasiado,
no mendigues palabras ni regales tu estado,
centra tu pensamiento en cabalgar las olas
del lejano horizonte, al que nunca se toca.
No confundas al alma con miradas perdidas,
ni intentes olvidar ninguna de tus vidas,
no sueñes boca arriba ni te mueras de pie,
ni te castigues tanto, que por hoy ya está bien...
Y si aun así lo haces, no olvides el por qué.